Sus líderes son mediáticos, multimillonarios y no tienen que pagar impuestos. Un fenómeno norteamericano que se expande por todo el mundo.

“Desde el día en que Robert Tilton respondió a la llamada de Dios para ser un pescador de hombres, nunca ha desfallecido en su misión de llevar almas a Cristo”. Así es como se presenta en su web este religioso tejano, un multimillonario de 70 años que es, también, uno de los máximos exponentes del teleevangelismo norteamericano. Una industria con cinco millones de televidentes en Estados Unidos y que mueve hasta 3.000 millones de dólares anuales libres de impuestos.

Hace décadas que la práctica religiosa a distancia está extendida en Estados Unidos aunque, en los últimos años, el modelo se ha exportado a otros países. En América del Norte el teleevangelismo más común es individualista, de raíz conservadora y gira alrededor de un predicador mediático que es, a su vez, líder de su congregación.

Precisamente, esta idiosincrasia hace que sea una práctica polémica, también dentro del propio cristianismo. Sus predicadores apelan al llamado Evangelio de la prosperidad, según el cual Dios dotará de abundancia y riquezas a los fieles que, entre otros mandamientos, aporten dinero a su comunidad religiosa. Un sistema de donaciones piramidales que hace nadar en la abundancia a los pastores teleevangelistas pero que no siempre funciona en el caso de los donantes.

 

¿Favor divino o estafa?

Como en otros países, en los Estados Unidos la ley protege la libertad religiosa eximiendo las congregaciones de pagar impuestos. Según la jurisdicción norteamericana todas las posesiones que se utilicen con una finalidad religiosa, sea cual fuere su valor, no deben tributar. Ello ha permitido que algunos de los telepredicadores más ricos, como Robert Tilton o Kenneth Copeland acumulen fortunas de hasta mil millones de dólares gracias a las donaciones de sus fieles.

El telepredicador Kenneth Copeland y su mujer, Gloria Copeland. / Kenneth Copeland Ministries

El telepredicador Kenneth Copeland y su mujer, Gloria Copeland. / Kenneth Copeland Ministries

Copeland, por ejemplo, tiene varios jets privados y una mansión con aeropuerto para operarlos; unos bienes de los que no se esconde y por los que no tributa, dado que, oficialmente, los utiliza para su actividad religiosa. De hecho, es común que los teleevangelistas hablen públicamente de sus posesiones millonarias, que atribuyen a su fe en Dios y al hecho de que, según el Evangelio de la prosperidad, están destinados a ser ricos. En el vídeo a continuación podéis ver como los telepredicadores Kenneth Copeland y Jesse Duplanis justifican sus aviones privados. Duplanis reproduce la conversación que ha “mantenido con Dios” quien, según él, le ha dado la aeronave para que disponga de un “espacio de oración privado”.

Evidentemente, el dinero que ha hecho ricos a los teleevangelistas no ha caído del cielo; al contrario, son donaciones de miles de fieles que, con sus contribuciones, esperan el favor de Dios para alcanzar, también ellos, prosperidad. La Trinity Foundation (Fundación de la Trinidad) es una entidad cristiana que lleva más de 40 años denunciando la “corrupción” de los telepredicadores. Según la fundación, el 55% de los donantes son mujeres mayores, y el 35% de los que hacen una aportación gastan sus últimos ahorros o posesiones esperando un “milagro de Dios”. Es habitual, según la fundación, que los familiares de un enfermo de cáncer den todos sus ahorros a los telepredicadores en vez de gastárselos en un tratamiento médico.

El 35%  de los que hacen una aportación se gastan sus últimos ahorros.

El presidente de la Trinity Foundation, Ole Anthony, tiene claro que la mayoría de teleevangelistas son “un fraude” y que se aprovechan de los eslabones más débiles de la sociedad en beneficio propio. De hecho, en el año 1991 un reportaje televisado destapó algunas de las prácticas del pastor Robert Tilton. El religioso, aún en activo, prometía oraciones y rituales personalizados para aquellos que enviasen una carta con dinero exponiendo su problema. Las cámaras de televisión captaron como aquella correspondencia se acumulaba en los contenedores adyacentes a su iglesia, unas cartas que, aparentemente, solo se habían abierto para extraer el dinero.

De hecho, la correspondencia piramidal, entre el creyente y el pastor, es una práctica habitual en el teleevangelismo. El Seeding (Siembra) comporta un intercambio de cartas en el cual el creyente debe enviar una semilla en forma de dinerojuntamente con su petición. Una cantidad que se incrementa a medida que avanza la correspondencia y que la entidad religiosa justifica como un gesto necesario para mostrar su fe ante Dios.

 

Picaresca permitida

Como hemos visto, el teleevangelismo norteamericano genera controversia pero si se sigue practicando es porque la mayoría de sus estrategias son plenamente legales. Efectivamente, el fraude y la corrupción están penados en los Estados Unidos pero el teleevangelismo se rige por la ley de libertad religiosa, que no cuestiona los ritos o creencias. Es decir, con la ley en la mano no se podría considerar fraude el envío masivo de dinero a cambio de una oración, porque su efectividad depende de las creencias religiosas de cada cual. 

La mayoría de estrategias del teleevangelismo son plenamente legales.Por otro lado, el hecho de que los telepredicadores no paguen impuestos por sus bienes no se entiende como fraude de ley, ya que todos ellos justifican su uso con finalidades religiosas (incluidas las mansiones y los aviones privados). La Hacienda norteamericana (IRS) es muy laxa a la hora de describir qué entiende como organización religiosa y exime de pagar impuestos a cualquier entidad que reúna unos pocos criterios, sin tenerlos que justificar.

Sede de la Trinity Broadcasting Network, canal de televisión internacional de temática cristiana.

Sede de la Trinity Broadcasting Network, canal de televisión internacional de temática cristiana.

La IRS entiende que puede ser una comunidad religiosa (y, por tanto, no pagar impuestos) toda aquella entidad que tenga, por ejemplo, una “doctrina”, “lugares de congregación habituales” y “servicios de culto regulares”, unos criterios que puede alegar cualquier telepredicador. Sin ir más lejos, el año pasado el show de televisión satírico Last Week Tonight creó una religión de la nada para demostrar lo fácil que es hacerlo. Alegaron que el presentador era su líder, el lugar de congregación el plató y la grabación semanal del programa su servicio de culto. Y funcionó. En pocos días consiguieron miles de donaciones que destinaron a ONGs humanitarias.

 

Falta de inspecciones

La Hacienda Federal norteamericana puede llevar a cabo inspecciones fiscales para comprobar que no se evadan impuestos pero en los últimos años la IRS ha estado especialmente permisiva con las instituciones religiosas. Entre 2013 y 2014 solo se auditaron tres Iglesias y entre 2009 y 2013 no se inspeccionó ni una. 

El por qué de esta permisividad se remonta décadas atrás, y está relacionada con la dura campaña que la Iglesia de la Cienciología hizo contra la Hacienda norteamericana. La Cienciología se fundó como religión el año 1953 y, como tal, se le eximió de carga impositiva en 1957. Esta situación duró diez años, porque en 1967 una inspección del IRS determinó que era una organización con ánimo de lucro y, por lo tanto, debía pagar impuestos. Desde entonces sus líderes interpusieron más de 2.000 demandas contra la Hacienda federal norteamericana y contrataron detectives privados para que espiasen a sus directivos.

Esta pugna se resolvió en 1993, cuando el lobby de la Cienciología acordó retirar las demandas y pagar 12,5 millones de dólares a la IRS a cambio de ser reconocida, de nuevo, como institución religiosa exenta de tasas. Precisamente, en 1993 se aprobó la actual ley norteamericana de libertad de culto, que exime de toda carga impositiva la práctica religiosa.

 

¿Por qué triunfa?

Para entender las grandes masas que mueven los predicadores telemáticos debemos fijarnos en la coyuntura en que lo hacen. La concepción actual del teleevangelismo norteamericano está ligada a los formatos audiovisuales, especialmente a la televisión. En los últimos años también ha dado el salto a Internet pero la pantalla pequeña sigue acaparando la mayor parte de una audiencia envejecida y con pocos recursos.

Precisamente, esta audiencia eminentemente femenina, sin estudios y conservadora es la que ha sustentado el teleevangelismo televisivo desde su popularización, en los años 70. Una audiencia fervorosamente cristiana, a quien complace la ostentación de sus líderes religiosos y que cree que ha sido bendecida. De hecho, esta última es una creencia extendida entre algunos sectores de la sociedad norteamericana y es clave para entender la popularización del teleevangelismo, tal y como apunta la teóloga Kate Bowler.

'Iglesia de vidrio' del telepredicador Robert Schuller. / Nepenthes

‘Iglesia de vidrio’ del telepredicador Robert Schuller. / Nepenthes

Una audiencia eminentemente femenina, sin estudios y conservadora ha sustentado el teleevangelismo televisivo.

Bowler, que ha estudiado en profundidad el fenómeno del Evangelio de la prosperidad, explica que “el triunfo más grande” de los que lo propugnan ha sido la popularización del término “bendecido”. Muchos norteamericanos creen que han sido, precisamente, bendecidos por su fe y, según Bowler, justifican sus ganancias y posesiones en estos términos: “Dios me ha dado esto. Pero no me culpéis a mí, estoy bendecido“. De hecho, la idea del God Bless America (Dios bendiga a América) está tan instaurada en la sociedad norteamericana que algunos políticos de primer nivel proclaman, sin rubor, que la prosperidad de su país se debe a una bendición divina. Es en este contexto que se debe entender por qué el teleevangelismo sigue teniendo tantos fieles en Estados Unidos. 

El aspirante republicano Ted Cruz publicó en su Facebook que "la bendición de Dios" ha estado con los Estados Unidos desde su fundación / The Conversation

El aspirante republicano Ted Cruz publicó en su Facebook que “la bendición de Dios” ha estado con los Estados Unidos desde su fundación / The Conversation

“Dios me ha dado esto. Pero no me culpéis a mí. Estoy bendecido”

A pesar de que el Evangelio de la prosperidad es una creencia eminentemente norteamericana el teleevangelismo no solo se practica en el país que lo vio nacer. Algunos de los telepredicadores más ricos del mundo son nigerianos, donde esta práctica ha experimentado un crecimiento exponencial. La religión musulmana, por su parte, también está adaptando el discurso para llegar a gente más joven. A diferencia del teleevangelismo clásico, centrado en la televisión y para un público envejecido, los nuevos métodos de predicación se dirigen a un público más joven y formado, que se mueve por Internet y busca más acciones que milagros.

Seamos o no creyentes es fácil entender por qué cualquier religión puede estar interesada en el teleevangelismo: es una opción rápida para llegar a mucha gente, se pueden incorporar elementos de entretenimiento en el discurso y el retorno, en modo de donaciones, acciones o difusión es prácticamente instantáneo. Ahora bien, esta capacidad divulgativa también comporta sus riesgos: las proclamas dogmáticas pueden ser de cualquier tipo y en los últimos años hemos visto como la fuerza de Internet ha ayudado a difundir mensajes religiosos radicales como los del autoproclamado Estado Islámico.

 

Portada: TobeDaniel

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Posted by Josep Andreu Palacios