La escasez de agua podría empezar en menos de una década. Repasamos de dónde vienen estas previsiones y cómo se podrían revertir.

La Tierra se está quedando sin agua potable, y el punto de colapso podría producirse en poco más de 30 años. Es lo que concluye un informe interno de Nestlé elaborado en 2009 y que ha salido a la luz hace pocas semanas. El documento, filtrado por Wikileaks, revela que un tercio de la población mundial tendrá problemas de acceso a agua en menos de una década (en 2025) y señala que la situación podría ser “catastrófica” en 2050.

La empresa alimentaria más grande del mundo se muestra “más preocupada” por la escasez de agua en el planeta que por la crisis financiera, que en 2009 se encontraba en su punto álgido. Nestlé habría hecho llegar este informe directamente al Departamento de Agricultura y a la Secretaría de Estado de los EEUU, lo que da una idea de la magnitud del problema.

Entre otros negocios, Nestlé tiene una importante división dedicada al embotellamiento de agua y los cálculos de sus técnicos no son nada optimistas. El problema es que la previsión de quedarse sin agua potable a partir de 2025 no solo afecta a los negocios de la compañía. Una eventual sequía pondría literalmente en riesgo la vida de millones de personas.

La escasez de agua potable a partir de 2025 pondría en riesgo la vida de millones de personas. / inkflo

La escasez de agua potable a partir de 2025 pondría en riesgo la vida de millones de personas. / inkflo

 

Ritmo de vida insostenible

Para entender en detalle estas previsiones debemos observar, de entrada, los datos en que se basan. Siempre según este informe, las reservas de agua potable a nivel mundial son de unos 12.500 kilómetros cúbicos por año. En 2008 ya estábamos consumido casi la mitad (6.000 km3/año) y el crecimiento sostenido de la demanda hace prever que alcanzaremos el límite en pocas décadas.

Los porqués de este crecimiento de la demanda debemos buscarlos en el aumento de la población mundial, la progresiva implantación de los biocombustibles (los fósiles también se agotan) y la creciente producción de carne para el consumo humano.

De entrada, el hecho de que las reservas de combustibles fósiles (crudo, carbón…) se estén agotando ha propiciado la producción de biocombustibles, a menudo auspiciada desde los propios gobiernos. Aparentemente los carburantes de origen vegetal son más sostenibles pero, al menos de momento, se necesita una cantidad de agua muy elevada para producirlos. Para obtener un litro de etanol se requieren tres de agua, una proporción que puede poner en riesgo las provisiones para el consumo humano.

Planta productora de etanol. / chumlee10

Planta productora de etanol. / chumlee10

La principal amenaza para las reservas de agua potable no son los combustibles si no la ganadería.

Con todo, la principal amenaza para las reservas de agua potable no son los combustibles si no la ganadería. Para producir una caloría de carne se necesita diez veces más agua que para extraer una caloría vegetal y las explotaciones ganaderas no paran de crecer. Las mejoras económicas en países como la China o India han modificado los hábitos alimentarios de la población, que cada vez consume más carne. Una dieta que, según el informe, resulta insostenible para nuestro planeta.

Un ciudadano medio de Estados Unidos ingiere 3.600 calorías diarias, con una proporción de carne elevada. Nuestro planeta simplemente no dispone de suficientes recursos para que todos los humanos nos alimentemos así. De hecho, el informe apunta que, si todo el mundo siguiera una dieta como esta, los recursos de agua potable se hubieran agotado en el año 2000.

Para preservar las reservas de agua potable no haría falta renunciar totalmente a la carne pero sí reducir su consumo. Los datos indican, cada vez más, que el crecimiento actual de la población es insostenible aunque, de hecho, lo que resulta realmente perjudicial para nuestro planeta es el ritmo de vida de los países occidentales.

El planeta no tiene suficientes recursos para generalizar el estilo de vida occidental. En la imagen, Las Vegas. / John Hinrichs.

El planeta no tiene suficientes recursos para generalizar el estilo de vida occidental. En la imagen, Las Vegas. / John Hinrichs.

 

El consumo de agua, hoy

Las posibilidades de acceder al agua potable son distintas alrededor del mundo, como también lo es el uso que se hace de ella. En los países pobres más del 80% del agua dulce se destina a la agricultura, mientras que en Occidente la mayoría del gasto (59%) es para actividades industriales. En los hogares del Primer Mundo el gasto más elevado se lo llevan los inodoros, aunque no es la actividad que, de por sí, gaste más agua.

Los países con una mayor renta per cápita son también los que más agua consumen, pero esta correlación no es siempre tan directa. El consumo de cada país puede variar en base a elementos como el clima, la composición de las ciudades, el acceso a dispositivos de ahorro e, incluso, la propia religión.

Un estudio hecho en la ciudad de Duhok, en el Kurdistán iraquí, vio que los habitantes de la ciudad gastaban entre 241 y 290 litros de agua al día en función de la renta disponible. En esta ciudad la mayoría del consumo (33%) se genera a través de los grifos (en Occidente los inodoros suponen la mayor parte). Los investigadores creen que esta diferencia se explica porque los musulmanes se purifican antes de cada oración, y ello incrementa el consumo de los grifos.

El consumo de agua cambia en función del país y la renta disponible. / Steven Depolo

El consumo de agua cambia en función del país y la renta disponible. / Steven Depolo

 

Recurso vital en riesgo

La ONU considera que cada persona necesita entre 50 y 100 litros de agua al día para necesidades básicas (bebida, cocinar, higiene…) pero, actualmente, más de 650 millones de personas no tienen acceso al agua. Además, se calcula que hay unos 2.300 millones de personas que no disponen de los sistemas sanitarios básicos (el 30% de la población mundial). 

Por si fuera poco, el agua suele ser más cara en los países pobres, donde a menudo existe un mercado negro de compra-venda que no cumple las garantías sanitarias. Según un informe de la ONG Water Aid, para acceder al mínimo de 50 litros un inglés paga 0,10 dólares mientras que un habitante de Papúa Nueva Guinea se gasta 2,61. Esto supone que un inglés con ingresos bajos necesita el 0,1% de su sueldo para acceder al agua de subsistencia, mientras un papú se gasta más de la mitad de su salario. 

El agua suele ser más cara en los países pobres, donde a menudo existe un mercado negro.

Además, varios indicadores apuntan que los efectos del Cambio Climático empiezan a dificultar el acceso al agua potable, especialmente en regiones como el Mediterráneo o algunas islas. En estos momentos Venezuela está padeciendo una sequía importante y hace cuatro años que en California no llueve suficiente. En estos casos las desalinizadoras para extraer agua del mar podrían ser una solución a corto plazo pero la cantidad de energía que necesitan no las hace viables a gran escala (al menos de momento). Hay que tener en cuenta que las sequías no solo dificultan el consumo de agua, sino que pueden afectar la producción de la energía que proviene de las hidroeléctricas.

La escasez de agua también puede afectar la producción de energía eléctrica. / Airwolfhound

La escasez de agua también puede afectar la producción de energía eléctrica. / Airwolfhound

Con todo, a pesar de las cifras desesperanzadoras y las previsiones “catastróficas” no todo son malas noticias. El hito de acceso al agua potable que marcaban los Objetivos del Milenio de la ONU se logró en 2010, cinco años antes de lo previsto. Nunca antes tanta gente había tenido acceso al agua potable y Water Aid  remarca que algunos de los países que más han mejorado son también los que tenían mayores problemas (Camboya, Malí, Laos y Etiopía)

Nunca antes tanta gente había tenido acceso al agua potable.

Como hemos visto, el mundo tiene recursos de agua suficientes para todo sus habitantes pero estos solo estarán disponibles si hacemos un uso moderado. El informe de Nestlé y la mayoría de investigaciones científicas coinciden en que el ritmo de crecimiento actual es insostenible: la Tierra no tiene agua suficiente para que sus 7.400 millones de habitantes consuman 370 litros por persona y día como ocurre en Estados Unidos.

Es cierto que cuando hablamos en términos globales cualquier cifra es una estimación pero, en cualquier caso, la alerta por lo que se refiere al agua parece unánime: debemos cambiar nuestros hábitos si no queremos quedarnos sin ella.

Portada: Pezibear

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Posted by Josep Andreu Palacios