La India fabrica medicamentos más accesibles, pero suele hacerlo sin patente. Repasamos las consecuencias.

La India es el cuarto productor mundial de medicamentos y representa un 20% de las exportaciones globales. Los genéricos son fármacos con la misma composición que un producto patentado (por ejemplo, Gelocatil) que se venden bajo el nombre de su principio activo (Paracetamol). En la mayoría de países la patente de un medicamento dura veinte años, después de los cuales cualquier empresa puede fabricarlo como genérico.

Las farmacéuticas indias viven principalmente de este tipo de medicamentos. Concretamente, el 70% del mercado lo acaparan los genéricos, mientras que solo un 9% son productos con patente propia. En general, los fármacos genéricos son más baratos que los patentados, ya que las empresas que los producen se limitan a fabricarlos y no tienen que recuperar los costes de investigación y desarrollo.

En los Estados Unidos las farmacéuticas dedican más del 20% de la facturación a desarrollar nuevos fármacos, mientras que en la India esta cifra es del 6% (en 2010 era del 3,6%). Se calcula que producir medicamentos en la India cuesta la mitad que hacerlo en Europa y un 60% menos que en los Estados Unidos. Pero ¿a qué es debido?

Producir un medicamento en la India cuesta la mitad que hacerlo en Europa. / Derek Gavey

Producir un medicamento en la India cuesta la mitad que hacerlo en Europa. / Derek Gavey

 

Vista gorda con las patentes

El gobierno de la excolonia británica tiene especial interés en favorecer la producción y las exportaciones de la industria local, así que las farmacéuticas se benefician de incentivos fiscales, mano de obra barata y, especialmente, de una regulación laxa por lo que se refiere a permisos y patentes.

Precisamente, la (no) regulación de las patentes es un punto clave para entender el predominio de los medicamentos indios, una industria que crece un 30% anual. Como hemos visto, los medicamentos genéricos no son ilegales, pero sí que lo es comercializar un producto patentado sin permiso de la matriz. Y esto, según varios indicadores, es lo que ocurre en la India.

El gobierno, interesado en favorecer una industria en auge, no ha puesto suficiente énfasis en regular la propiedad intelectual de los medicamentos genéricos. Al menos así lo creen los Estados Unidos, que tienen la India en su lista de países con “vigilancia prioritaria” por incumplimientos de la propiedad intelectual. Un caso similar ocurre con la Unión Europea, que pide más controles a la industria farmacéutica india para poder negociar acuerdos comerciales con ese país.

Algunas empresas ya han anunciado que no pedirán la “licencia obligatoria” para fabricar medicamentos.

Las demandas de Europa y los Estados Unidos han hecho que el gobierno indio empiece a aplicar cambios legislativos en la regulación farmacéutica. Unos cambios que no han gustado a la industria, que teme perder competitividad. De hecho, algunas empresas ya han anunciado que no piensan pedir la “licencia obligatoria” para fabricar medicamentos genéricos, alegando que el gobierno indio ha cedido a las presiones de la industria occidental.

Aún así, los supuestos cambios en la regulación farmacéutica podrían ser tan solo aparentes. Desde 2014 el gobierno indio participa en un grupo de trabajo para controlar la aplicación de los protocolos, pero recientemente el mismo ejecutivo ha puntualizado que seguirá siendo flexible a la hora de conceder licencias.

 

La farmacia del Tercer Mundo

Algunas prácticas de las farmacéuticas indias generan controversia pero, a la par, el precio reducido de sus medicamentos hace que estos sean accesibles para mucha gente. En el primer mundo, dos de cada diez genéricos vendidos en Estados Unidos están hechos en la India, pero el bajo coste es especialmente relevante cuando hablamos de países en vías de desarrollo.

Médicos Sin Fronteras, la Unicef y otras organizaciones dependen de los genéricos indios para desarrollar su labor. Tres cuartas partes de los tratamientos que utilizan contra la malaria o la tuberculosos están hechos en la India, una cifra que se eleva al 97% en el caso de los antirretrovirales contra el sida. 

Médicos sin Fronteras, la Unicef  y otras organizaciones dependen de los genéricos indios para desarrollar su labor.

Según la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) el crecimiento de los medicamentos indios ha permitido que el tratamiento del VIH pasara de costar 10.000 dólares en el 2000 a menos de 80 en 2010. Precisamente, MSF pide que el gobierno indio mantenga el modelo regulador actual, que consideran equitativo entre el derecho a la salud y a la propiedad intelectual.

De momento, las negociaciones para el tratado comercial entre la UE y la India se encuentran en punto muerto. Unas negociaciones de las que, según las oenegés, depende la vida de millones de personas. Un eventual acuerdo podría obligar la India a modificar su marco regulatorio y hacer que los medicamentos se encareciesen, cosa que pondría en riesgo el acceso a tratamientos en el Tercer Mundo.

Los medicamentos indios han permitido que el tratamiento del VIH pasara a costar menos de 80 dólares, en 2010, respecto a los 10.000 que costaba en el 2000. / DFID

Los medicamentos indios han permitido que el tratamiento del VIH pasara a costar menos de 80 dólares, en 2010, respecto a los 10.000 que costaba en el 2000. / DFID

 

Un problema de fondo

Más allá de las disputas concretas entre la India y Occidente, el problema de acceso a los medicamentos debe entenderse dentro de una lógica bastante más compleja. Para saber por qué los tratamientos tienen un precio y no otro tenemos que observar cómo está montada la industria farmacéutica y, sobretodo, quién acaba pagando el alto de coste de desarrollar un nuevo fármaco.

Las farmacéuticas son empresas privadas que, como tales, persiguen un beneficio económico. La creación de nuevos tratamientos necesita de una cantidad importante de recursos (tiempo, dinero, profesionales cualificados, instalaciones punteras…), un riego que las farmacéuticas esperan compensar con el precio de los medicamentos y la protección de las patentes.

Obviamente, aquí surge el debate ético sobre el negocio a costa de la salud, especialmente cuando las grandes farmacéuticas tienen ganancias millonarias con márgenes de beneficio que rondan el 20% (en 2013 Pfizer alcanzó un margen del 42%). En este contexto, la industria india ofrece precios más económicos, pero lo hace con productos que, principalmente, han desarrollado empresas occidentales.

En todo el mundo se lleva a cabo investigación científica con fondos públicos, pero esta no suele estar encaminada a desarrollar un fármaco en concreto. De esta parte se encargan las farmacéuticas que, como hemos visto, buscan el retorno de la inversión más un margen de beneficio.

En el fondo, el conflicto entre los fabricantes de medicamentos indios y los occidentales no deja de ser un reflejo de esta situación. Cada parte mira por su intereses y busca favorecerlos con la legislación que le sea más beneficiosa. Ahora bien, en el caso de la industria médica lo que hay en juego es más que dinero. Para millones de personas poder acceder o no a un medicamento supone la diferencia entre la vida y la muerte.

 

 

Portada: Stock Monkeys.

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Posted by Josep Andreu Palacios