Repasamos la evidencia científica sobre las virtudes de caminar por la naturaleza.

Más de la mitad de la población del planeta vive en zonas urbanas y se calcula que en el año 2050 lo hará un 70%. Esta tendencia demográfica, sumada a la implantación de la tecnología en los puestos de trabajo, ha comportado una alteración en los hábitos de buena parte de la población. Uno de los cambios más evidentes es la pérdida de contacto con la naturaleza, intrínseco en un entorno rural pero más difícil en la gran ciudad.

Según datos de la Universidad de Stanford, en EEUU, la población urbana ha aumentado al mismo ritmo que los diagnósticos de enfermedades mentales. Los investigadores apuntan que los urbanitas tienen un 20% más de posibilidades de padecer ansiedad y son un 40% más propensos a los trastornos de comportamiento. Además, también se ha visto que los diagnósticos de esquizofrenia son dos veces más comunes entre la población urbana.

Aún no conocemos con exactitud la relación entre entornos metropolitanos y salud mental, pero la mayoría de datos apuntan que el contacto esporádico con la naturaleza aporta beneficios a nuestra salud, mientras que el ajetreo urbano nos es perjudicial. Un estudio liderado por el biólogo Gregory Bratman ha concluido que la práctica habitual de senderismo reduce el riesgo de padecer depresión y otras patologías mentales.

La mayoría de datos apuntan que una interacción esporádica con la naturaleza aporta beneficios a nuestra salud.

Los investigadores vieron que una caminata de 90 minutos en un entorno natural reduce la actividad de la zona del córtex prefrontal asociada con la depresión. En cambio, un paseo similar dentro de la ciudad no aporta estos beneficios. Gretchen Daily, coautora de la publicación, cree que sus datos demuestran que el “acceso a espacios naturales” es un “elemento vital” para la salud mental de la población.

En 2012 el neurólogo David Strayer demostró que el contacto continuado con un entorno natural puede mejorar la creatividad. / Ángel Abril Ruiz

En 2012 el neurólogo David Strayer demostró que el contacto continuado con un entorno natural puede mejorar la creatividad. / Ángel Abril Ruiz

El estudio de Bratman no es el único que asocia naturaleza y senderismo con bienestar. En 2012 el neurólogo David Strayer demostró que el contacto continuado con un entorno natural puede mejorar nuestra creatividad. Los voluntarios que estuvieron cuatro días “inmersos en la naturaleza” incrementaron en un 50% su capacidad creativa y cognitiva frente a los que no lo estuvieron.

Strayer cree que estos resultados se explican por dos factores: por un lado, la “inmersión en la naturaleza” serviría para “restaurar” parte de la capacidad de atención del córtex frontal, lo que se conoce como Teoría de Restauración de la Atención. Pero durante los cuatro días en la naturaleza los participantes también “desconectaron” de la atención selectiva, la multitarea o la concentración por inhibición, procesos que se asocian con el uso de la tecnología. Según los autores esta desconexión también habría contribuido al aumento de su capacidad creativa.

Durante cuatro días los participantes desconectaron de la atención selectiva y otros comportamientos relacionados con el uso de la tecnología. / Clases de periodismo

Durante cuatro días los participantes desconectaron de la atención selectiva y otros comportamientos relacionados con el uso de la tecnología. / Clases de periodismo

Sabemos que andar nos ayuda a tomar decisiones más creativas, y hacerlo en un entorno natural multiplica estos beneficios. Pero el senderismo no se asocia únicamente con el bienestar mental. Una retahíla de investigaciones apuntan que la práctica de esta actividad reduce la presión sanguínea, alivia problemas de corazón y aumenta la capacidad antioxidante de nuestro cuerpo después de caminatas largas. Además, la altitud es una buena aliada a la hora de quemar calorías. Un estudio de 2013 apunta que la prevalencia de la obesidad es hasta cinco veces más alta en la población que vive al nivel del mar.

La altitud es una buena aliada a la hora de quemar calorías.

El senderismo comporta un ejercicio físico pero es una práctica que va más allá del deporte. Caminar por entornos naturales también puede entenderse como una actividad social, para compartir con la pareja, amigos o familia y con la que podemos descubrir nuevos entornos. De hecho, el senderismo es fácilmente adaptable y comprende desde grandes travesías que pueden durar semanas hasta salidas cortas de un día o pocas horas. Los lugares para practicarlo son innumerables y resulta fácil encontrar recorridos cerca de casa que se adapten a nuestras necesidades y capacidad física.

Podemos adaptar la práctica del senderismo a nuestras necesidades y capacidades físicas. / Tomas Sobek

Podemos adaptar la práctica del senderismo a nuestras necesidades y capacidades físicas. / Tomas Sobek

Cada vez parece más claro que existen evidencias científicas sobre los beneficios del senderismo. Puede que no sea una práctica al gusto de todo el mundo, o quien prefiera hacer ejercicio en un gimnasio. Sin embargo, la dosis de naturaleza prescrita por algunos investigadores va más allá del mero ejercicio físico e incumbe directamente nuestra salud mental. No hay una fórmula mágica para alcanzar el bienestar pero según los expertos una dosis de naturaleza de vez en cuando nos puede ayudar, y mucho.

Portada: Centelleja

comments

Posted by Josep Andreu Palacios