Las fibras subacuáticas transmiten el 99% del Internet global.

Es probable que nunca los veáis, pero existen y ahora mismo están haciendo posible que leáis estas líneas. Los cables submarinos de datos son una pieza clave en el funcionamiento de la red, y si habitualmente no los tenemos en cuenta es porque funcionan bien. Muchos usuarios conciben la conexión a Internet como un enlace a distancia (por WiFi o Red móvil) pero lo cierto es que la infraestructura de Internet está, aún hoy, hecha de cables. Muchos cables.

Internet no deja de ser un entramado global de ordenadores conectados entre sí. Unos ordenadores que pueden estar situados en cualquier rincón del planeta y que, por lo tanto, precisan una conexión que supere los obstáculos geográficos. En el caso de los océanos esto se consigue mediante una red de casi un millón de kilómetros de cables submarinos, que transmiten entre un 95 y un 99% de la información a la que accedemos. La instalación de estos cables es lenta y costosa, pero ofrece más velocidad y fiabilidad que las conexiones por satélite, que también son más caras.

El primer cable transatlántico permanente se instaló en el año 1865.

La idea de conectar dos continentes mediante una fibra submarina no es nueva y, de hecho, ya se aplicaba mucho antes de que existieran los ordenadores. El primer cable transatlántico permanente se instaló en el año 1865 y conectaba Europa y América del Norte por telégrafo. En 1956, menos de un siglo después, llegó el TAT-1, que permitía enlaces telefónicos entre los dos continentes. La importancia de este acontecimiento fue tal que la ceremonia inaugural se retransmitió por televisión.

Los cables actuales son de fibra óptica y pueden transmitir datos y voz a la vez. A pesar de su gran capacidad (unos 2 tbps) su diámetro no sobrepasa los 3 cm, similar al de una manguera de jardín. Con todo, la fibra óptica tan solo supone una pequeña parte de este grueso, puesto que la mayoría es recubrimiento.

 

Esquema de un cable submarino, con sus materiales: [1] Polietileno. [2] Cinta de tereftalato de polietileno. [3] Alambres de acero trenzado. [4] Barrera de aluminio resistente al agua. [5] Policarbonato. [6] Tubo de cobre o aluminio. [7] Vaselina. [8] Fibras ópticas. / Oona Raisani.

Esquema de un cable submarino, con sus materiales: [1] Polietileno. [2] Cinta de tereftalato de polietileno. [3] Alambres de acero trenzado. [4] Barrera de aluminio resistente al agua. [5] Policarbonato. [6] Tubo de cobre o aluminio. [7] Vaselina. [8] Fibras ópticas. / Oona Raisani.

Actualmente hay 277 cables de fibra óptica bajo el agua, que van desde infraestructuras kilométricas bajo los océanos hasta tramos relativamente cortos, como el PENBAL-5, que conecta la Península Ibérica con Mallorca y las Islas Baleares.

Cables submarinos de datos en el este mediterráneo. / Telegeography.

Cables submarinos de datos en el este mediterráneo. / Telegeography.

Los cables de fibra óptica han sustituido las antiguas rutas marítimas.Si observamos un mapa de estos enlaces podemos ver que su distribución corresponde con intereses geopolíticos y comerciales. Los cables de fibra óptica han sustituido las antiguas rutas marítimas, así que no es de extrañar que haya un gran número de ellos entre Europa y los EEUU y entre estos y el sudeste asiático. Curiosamente algunos enlaces que se podrían hacer por tierra también se efectúan bajo el agua. Es el caso de las fibras que enlazan Francia y la India por el Canal de Suez, recorriendo la antigua Ruta de la Seda.

Esquema de los cables submarinos de datos. (Hacer clic para ver una versión interactiva). / Telegeography

Esquema de los cables submarinos de datos. (Hacer clic para ver una versión interactiva). / Telegeography

La mayoría de esta infraestructura está en manos privadas, principalmente de grandes consorcios o corporaciones del ámbito de las telecomunicaciones. En los últimos años gigantes de Internet como Facebook y Google también han invertido sumas millonarias en nuevos cables subacuáticos, principalmente desde y hacia Estados Unidos.

 

Importancia geoestratégica

La comunicación es poder, y en el Siglo XXI esta pasa claramente por Internet. Los enlaces de datos entre diferentes puntos del planeta son una herramienta vital para la economía y las relaciones internacionales, así que la infraestructura que los sustenta representa un punto caliente para los intereses de empresas y países. La Unión Internacional de Telecomunicaciones, que depende de la ONU, establece prácticas de equidad, neutralidad y privacidad en las comunicaciones, pero estas no siempre se cumplen.

Wikileaks reveló que las agencias de inteligencia de los EEUU y el Reino Unido pincharon más de 200 cables subacuáticos.

En 2013 las filtraciones de Wikileaks revelaron que las agencias de inteligencia de los Estados Unidos y el Reino Unido habían pinchado más de 200 cables subacuáticos de comunicaciones para espiar su contenido. Un caso que suscitó fuertes críticas en los países que dependen de estas conexiones. A raíz del escándalo Brasil empezó a construir un cable submarino con Europa para evitar que su Internet pasase por Estados Unidos, como hacen el 80% de los datos que se generan en América Latina.

A pesar de los nuevos diseños, más robustos, los cables de datos submarinos son una infraestructura bastante vulnerable, especialmente si tenemos en cuenta la cantidad de datos que transmiten y la sensibilidad de estos. Fuera de las estaciones continentales (de donde salen y llegan los cables) la infraestructura queda al descubierto y a pesar que, en algunos puntos, los tubos llegan a los 8.000 metros de profundidad, es relativamente fácil acceder a ellos si se dispone del equipo adecuado.

 

El riesgo de quedarse sin Internet

En principio, la red submarina tiene mecanismos de redundancia para evitar que se pierda la conexión. Si alguna vez falla un cable los datos pasarían a otro, y el usuario solo notaría una pérdida momentánea de velocidad o un clic en la llamada telefónica. Además, los centros de control hacen un seguimiento de la red, y algunos de los problemas más comunes se pueden resolver directamente en las estaciones continentales.

Con todo, la infraestructura subacuática de Internet está diseñada para funcionar durante 25 años y no es inmune a las inclemencias humanas y del ambiente. Desde que empezaron a funcionar los primeros cables submarinos se tiene constancia de, al menos, 40 averías provocadas por mordiscos de peces y varios incidentes con ánclas de barco.

Barco utilizado para la instalación y reparación de los cables submarinos. / David Monniaux

Barco utilizado para la instalación y reparación de los cables submarinos. / David Monniaux

El año 2006 el terremoto Hengchun dañó el 80% de los cables que llegan a Taiwán cosa que, a su vez, aminoró la velocidad de conexión en China. En 2011 una mujer georgiana cortó un cable de datos mientras buscaba cobre y dejó casi toda Armenia sin Internet durante 12 horas.

Se estima que un colapso total de la conexión generaría unas pérdidas diarias de 150 millones de dólares a los EEUU.

Y es que, a pesar de la importancia estratégica de Internet, nuestra conexión cuelga, literalmente, de un hilo. Bancos, empresas, gobiernos y cuerpos militares utilizan conexiones de datos para funcionar, así que un error general tendría efectos notables. Se estima que un colapso total de la conexión generaría unas pérdidas diarias de 150 millones de dólares en la economía de los Estados Unidos. El Instituto Federal de Tecnología Suizo ha calculado que un apagón de estas características reduciría el 1,2% del PIB anual del país por cada semana sin Internet.

 

El futuro

Cada vez dependemos más de la red, y ello hace que la infraestructura que la mueve también mejore. Constantemente se construyen nuevos cables submarinos y se está trabajando para aumentar su velocidad. La demanda global de Internet se dobló entre 2012 y 2014 y se calcula que, actualmente, el 40% de la población mundial tiene acceso a la red. Una cifra que se espera que crezca en las próximas décadas.

Además, la llegada del Internet de las cosas requiere conexiones aún más veloces y fiables. Artefactos como los coches sin conductor o los controvertidos drones militares necesitan responder en milésimas de segundo y, según el investigador de Harvard Michael Sechrist, los satélites no pueden ofrecer las velocidades de al menos 500 Mbps que estos requieren.

El año 2019 el mundo generará un tráfico de 120.000 millones de gigabytes al mes (unos 2 zetabytes al año). Y al contrario de lo que se pudiera pensar, la respuesta a esta demanda no pasa por satélites y nodos de conexión wireless. Las tripas de Internet seguirán teniendo —al menos durante los próximos años— forma de cable.

 

Portada: Telegeography.
Vídeo: Noam Dvir i Daniel Rauchwerger

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Posted by Josep Andreu Palacios