Una parte de la industria del cine se mueve entre el oportunismo y los límites legales para maximizar beneficios.

La industria cinematográfica de los Estados Unidos sigue siendo la más próspera de Occidente. En 2014 recaudó 10.500 millones de dólares en taquilla, solo en América del Norte. Son cifras imponentes, pero apuntan un ligero descenso de la facturación respecto al año anterior. La gente va menos al cine, y el precio de las entradas ya no es suficiente para sufragar los costes de producción.

Ya hace años que la industria del videojuego factura más que Hollywood o las discográficas, y las productoras miran cada vez más a Asia para contrarrestar el descenso de público. Pero a pesar del cambio de tendencia el Cine aún es un negocio muy lucrativo, capaz de ganar 95.000 millones de dólares anuales.

Una parte de estos beneficios se consiguen gracias al llamado Hollywood Accounting (Contabilidad de Hollywood), una serie de estrategias financieras, a menudo opacas, que se mueven entre el oportunismo y los límites (o vacíos) legales para maximizar los beneficios. El Hollywood Accounting es una práctica extendida en todo el sector, y la aplican tanto las grandes productoras como los directores, actores y guionistas.

Actores, directores y guionistas también se benefician del 'Hollywood Accounting'. / Jonathan Kos-Read

Actores, directores y guionistas también se benefician del ‘Hollywood Accounting’. / Jonathan Kos-Read

Una de las prácticas más habituales entre las Majors del cine consiste en hinchar los gastos de producción para simular pérdidas y ahorrarse así el pago de cánones. A menudo, las productoras acuerdan repartirse un porcentaje de los beneficios con los actores, el director o el autor de la idea original, lo que se conoce como royaltie. Para evitarlo, algunos estudios crean una nueva empresa para cada película que hacen y le facturan una tasa desmesurada por los derechos de producción.

Una de las prácticas más extendidas entre las Majors del cine consiste en hinchar los gastos de producción para simular pérdidas.

Esta cantidad sobrepasa de largo los ingresos que puede obtener la película, y así la empresa matriz se asegura que la corporación pantalla no podrá pagarla. Técnicamente aquella película tendrá pérdidas y, por lo tanto, no podrá repartir royalties. Pero para la productora esto supone un beneficio neto, ya que todos los ingresos que genere la película se quedarán en la misma empresa, mediante la corporación pantalla, en forma de tasa por los derechos de producción.

La práctica de hinchar los gastos para simular pérdidas genera casos rocambolescos, donde las películas más taquilleras son, oficialmente, un fracaso económico. Es el caso de Harry Potter y la Orden del Fénix, que sobre el papel tuvo unas pérdidas de 167 millones de dólares, a pesar de haber costado 150 y recaudar 940 millones en taquilla. La productora de Star Wars mantiene que El retorno del Jedi, de 1987, «nunca ha dado beneficios». Una película que costó 32,5 millones de dólares e ingresó cerca de 600.

En 2010 se filtró la factura de la matriz WB a su filial por una película de Harry Potter, donde alegaban pérdidas millonarias. / Techdirt, Warner Bros

En 2010 se filtró la factura de la matriz WB a su filial por una película de Harry Potter, donde alegaban pérdidas millonarias. / Techdirt, Warner Bros

A pesar de ser una práctica común, las estrategias del Hollywood Accounting generan tensiones en la industria, sobre todo por el uso que hacen las grandes productoras sobre los artistas. Algunos litigios han acabado ante la justicia, como la demanda que el creador de Spiderman, Stan Lee, interpuso contra Marvel Comics en 2002. Lee negoció un 10% de las ganancias de las producciones donde salieran sus personajes, pero nunca llegó a cobrar. La película Spiderman ingresó más de 800 millones de dólares, pero la productora alegó pérdidas.

Algunos litigios derivados del ‘Hollywood Accounting’ han acabado ante la justicia.

Con todo, el Hollywood Accounting no es solo para las Majors. Algunos actores, especialmente los de renombre, buscan estrategias financieras para obtener el máximo rédito de las producciones en las que participan. Algunos se implican en más de un rol trabajando, por ejemplo, como productores o guionistas.

En otros casos acuerdan un sueldo más bajo con alguna contrapartida. Jack Nicholson, que encarnaba el malo de la película en Batman (1989) aceptó una tarifa de 6 millones de dólares en lugar de los 10 habituales a cambio de una parte de las vendas de merchandising. Nicholson acabó ganando 50 millones de dólares con aquella producción.

En cualquier caso la economía del cine es compleja y una producción prometedora puede acabar siendo un fracaso. La presencia de grandes estrellas en una película no es siempre garantía de éxito y, efectivamente, hay películas que pierden mucho dinero. Y es que, a pesar de los trucos del Hollywood Accounting, los presupuestos ingentes de marketing y la pericia de los artistas, en el cine los espectadores siguen teniendo la última palabra.

 

Portada: Oloremo

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Posted by Josep Andreu Palacios