Además de ponernos enfermos, las bacterias son grandes maestras, y podrían inspirarnos en economía.

Habitantes de la Tierra desde hace unos 3.800 millones de años, las bacterias son los organismos más primitivos de nuestro planeta. A lo largo de este tiempo la evolución las ha dotado de mecanismos que les han permitido vivir en la práctica totalidad de ambientes terrestres.

Aún así, se trata de organismos “simples” (si es que podemos considerar simple algún ser vivo). Por ejemplo, si nos fijamos en el ADN, el genoma de las bacterias está formado por unas 3.000 bases (las piezas que conforman el ADN), lejos de nuestros 3.000 millones y el de algunas plantas, que puede llegar a los 150.000 millones.

Algunas de ellas se pueden hacer crecer de manera fácil y rápida en un laboratorio. Esto ha hecho que las bacterias, y en particular la especie Escherichia coli (E. coli), se hayan utilizado en todo tipo de investigaciones científicas.

Estas nos han enseñado muchas de las bases moleculares que rigen el funcionamiento de todos los seres vivos, incluidos los humanos. Y no sólo eso, sino que estos seres diminutos nos podrían enseñar alguna cosa que fuera más allá de cómo funcionamos “por dentro”.

Las bacterias adaptan su crecimiento a las condiciones del entorno. Cuando se encuentran en cantidades abundantes se multiplican constantemente. E. Coli, la bacteria favorita de los científicos, lo puede llegar a hacer una vez cada treinta minutos. Es lo que se conoce como fase de crecimiento exponencial. Si inicialmente hay una bacteria, en la siguiente generación habrá 2, en la siguiente 4 y luego 8, 16…

Tras una fase de adaptación las bacterias se dividen constantemente (fase exponencial). Cuando los nutrientes empiezan a agotarse entran en fase estacionaria, en la cual consumen menos recursos. / R. Martínez

Tras una fase de adaptación las bacterias se dividen constantemente (fase exponencial). Cuando los nutrientes empiezan a agotarse entran en fase estacionaria, en la cual consumen menos recursos. / R. Martínez

A este ritmo se podría llenar una piscina olímpica con E. coli en un día y medio, y rápidamente estaría todo lleno de ellas. Pero esto no ocurre. Y es, precisamente, de esta autorregulación de la que podríamos aprender.

A medida que las bacterias crecen los nutrientes que las alimentas se agotan. Pero estos microorganismos tienen sensores que lo detectan, y ante un descenso, activan un conjunto de genes que las llevan a la fase estacionaria.

Se podría llenar una piscina olímpica con E. coli en un día y medio, pero esto no ocurre. Y es, precisamente, de esta autorregulación de la que podríamos aprender.

En esta fase las divisiones son prácticamente nulas pero las bacterias se mantienen vivas. Y lo pueden hacer durante largos periodos de tiempo ya que han parado de crecer antes de agotar completamente los nutrientes y se han adaptado a las nuevas condiciones: han parado de multiplicarse y requieren menos recursos. La activación a tiempo de este nuevo “programa vital” es clave, ya que si no hubieran hecho este cambio habrían muerto.

A diferencia de la mayoría de seres vivos como el E. coli, que se adaptan al ambiente, los humanos lo hemos cambiado constantemente para seguir viviendo en él y así, a pesar de nuestro origen evolutivo en África, hemos colonizado los polos.

Nuestra capacidad de adaptación y de obtención de recursos ha estimulado un crecimiento económico y poblacional inédito. La llegada de la agricultura y la ganadería supuso un primer paso, pero el crecimiento de la población se disparó tras la Revolución Industrial. Mientras que hacia el año 1800 había unos 1.000 millones de personas en el mundo, en los años 30 del siglo pasado esta cantidad se había doblado, hoy en día somos unos 7.000 millones y se calcula que seremos unos 10.000 millones alrededor del 2050.

El crecimiento económico requiere que haya suficiente energía y recursos para sostenerlo. Algunos especialistas apuntan que, gracias a la innovación, seremos capaces de obtener recursos de fuentes que ahora no podemos ni imaginar, o de ser más eficientes en su uso. Esto permitiría un crecimiento continuado de la economía.

Algunos expertos creen que podremos seguir obteniendo recursos de fuentes más eficaces. / lilszeto

Algunos expertos creen que podremos seguir obteniendo recursos de fuentes más eficaces. / lilszeto

Ahora bien, ¿hasta dónde podremos llegar? Nuestras actividades se someten a las leyes de la física y esta establece unos límites que no parece que podamos superar con nuestro ingenio.

Es difícil saber del todo qué pasará y hasta qué punto las predicciones de crecimiento poblacional y económico serán acertadas. Pero, ante la incerteza, quizá deberíamos plantearnos si hacer como las bacterias y adoptar medidas para parar de crecer antes de que sea demasiado tarde.

Portada: Mattosaurus

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Posted by Rosa Martínez Corral

Biòloga. Actualment treballa al grup de Dinàmica de Sistemes Biològics al Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona (PRBB). -- Bióloga. Actualmente trabaja en el grupo de Dinámica de Sistemas Biológicos en el Parque de Investigación Biomédica de Barcelona (PRBB).

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