Ni en la estepa africana ni en la selva amazónica. El asentamiento más aislado del mundo está en medio del Atlántico.

Edimburgo de los Siete Mares es el único poblado del archipiélago de Tristán de Acuña, un territorio británico de ultramar la latitud del cual lo convierte en el asentamiento más aislado del planeta. Sus 267 habitantes (296, contando a los extranjeros) viven a 2.400 kilómetros de la pequeña isla de Santa Helena, el territorio habitado más próximo. Ciudad del Cabo, a 2.800 km y Río de Janeiro, a 3.300 km, son las urbes continentales más cercanas.

La vida en El Asentamiento (así le llaman los aldeanos) implica estar lejos de casi todo y todos. Los servicios son limitados, la mayoría de víveres tardan meses en llegar y sólo se puede entrar o salir de la isla una decena de veces por año.

La mayoría de víveres tardan meses en llegar

Los primeros pobladores llegaron a la isla en el Siglo XIX. El explorador portugués Tristao da Cunha descubrió el archipiélago en 1506, pero no fue hasta 1816, trescientos años más tarde, que un regimiento de la marina británica se instaló en él de forma permanente.

La decisión fue puramente estratégica. Los británicos querían asegurarse que las tropas francesas no utilizaban Tristán de Acuña como base para rescatar a Napoleón de la prisión de Santa Helena, situada a más de 2.000 kilómetros.

Tristán de Acuña se utilizó como base militar hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Durante dos siglos (este 2016 marca el bicentenario de la ocupación) el aislamiento de la isla ha forjado una pequeña comunidad que vive tan separada del resto del mundo como unida entre sí. Los pocos que han podido visitar El Asentamiento hablan de una hospitalidad diáfana y un ritmo de vida opuesto al de occidente.

Panorámica de la isla de Tristán de Acuña / Brian Gratwicke

Panorámica de la isla de Tristán de Acuña / Brian Gratwicke

Para empezar, llegar a Tristán de Acuña no es fácil. La isla no tiene aeropuerto y las dimensiones de su puerto solo permiten el paso de embarcaciones de poca eslora. No existe un servicio regular de ferry, así que la única manera de acceder a la isla es con barcos pesqueros o de carga que salen de Sudáfrica. Un trayecto que, con buena mar, dura seis días.

Durante los meses de verano un par de cruceros transatlánticos pasan por la isla, pero en cualquier caso la oferta marítima se limita a diez servicios por año. Además, para visitar la Tristán de Acuña es necesaria una autorización explícita de la autoridad local. La indústria turística de Edimburgo de los Siete Mares es muy limitada, y hay pocos sitios para hospedarse. Los pocos visitantes que van a la isla lo hacen durante temporadas largas y movidos por la solitud del lugar.

La opción más común entre los visitantes es alojarse con una família. Los miembros del Asentamiento viven como un solo clan, y los turistas no pasan desapercibidos en una comunidad que no llega a los trescientos individuos. De hecho, según el censo oficial, todos los habitantes de Tristán de Acuña están repartidos entre nueve familias.

Edimburgo de los Siete Mares es un poblado autogestionado. En la isla hay una escuela, un ambulatorio, una ambulancia, un coche de bomberos y un policía. Poca gente dispone de transporte privado, aunque no es muy necesario en una isla de 98 kilómetros cuadrados. Existe un servicio intermitente de minibús, conocido popularmente como el Potato Patches Flyer (La Saeta de los Campos de Patatas).

Hasta no hace mucho enviar un correo electrónico costaba nueve euros (ahora es gratuito).

La lluvia abastece el sistema de agua potable y la electricidad se produce mediante generadores diésel. En la televisión sólo hay dos canales e Internet funciona a 256 kb/s (la velocidad de los antiguos modems). Una conexión que, durante muchos años, no pasaba de los 64 kb/s. Hasta no hace mucho enviar un correo electrónico costaba nueve euros (ahora es gratuito). Las llamadas, vía Londres, tienen un precio más asequible, aunque no existe cobertura móvil.

Edimburgo de los Siete Mares es una comunidad totalmente autogestionada. / Brian Gratwicke

Edimburgo de los Siete Mares es una comunidad totalmente autogestionada. / Brian Gratwicke

En El Asentamiento también podemos encontrar la oficina postal más remota del mundo, conocida por su filatelia exclusiva. Existe un supermercado con productos básicos, que deben encargarse meses antes. A pesar de todo, la mayoría de habitantes conrean su propio huerto. Los platos de carne están reservados para ocasiones especiales, como la Navidad.

Tristán de Acuña disfruta de las comodidades de occidente per lo hace a pequeña escala. Es una comunidad aislada del mundo, sin el virus de la gripe ni contaminación atmosférica. Sin embargo, la poca variación genética de sus habitantes supone un riesgo para la salud de la población. Varios estudios apuntan que algunas enfermedades, como el asma, son más recurrentes en la isla que en otros puntos del planeta.

Cada vez más jóvenes salen de Tristán de Acuña para encontrar pareja y, ocasionalmente, algún visitante se queda a vivir. Pero los cambios demográficos son tan pocos (y tan relevantes) que se tratan como noticia en la web del gobierno insular.

Edimburgo de los Siete Mares necesita nueva sangre para evitar que el estancamiento demográfico deteriore su población. De hecho, para los interesados en vivir en el pueblo más aislado del planeta la autoridad local ofrece ofertas de trabajo abiertas a todo el mundo.

Portada: Brian Gratwicke. Video: Stuart Trowell

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Posted by Josep Andreu Palacios

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