Llegar al planeta rojo requiere de una tecnología que todavía no existe. Pero no es solo un problema técnico.

Enviar una misión tripulada a Marte es uno de los retos científicos más grandes de las últimas décadas. La trascendencia del proyecto ha captado la atención de gran parte del público y de la comunidad científica, que ve en la exploración del planeta rojo una oportunidad única para entender de dónde venimos.

Hasta ahora, seis agencias espaciales (EEUU, Europa, India, Rusia, Japón y China) han trabajado en programas de exploración marciana, y la mayoría tienen planes, más o menos definidos, para enviar humanos allí durante las próximas décadas. Sobre el papel, parece que la NASA es la que tiene más números de conseguirlo, pero algunas voces dentro de la propia agencia ven con escepticismo el horizonte de 2030 propuesto por Obama.

Y es que establecer una colonia humana en Marte es una empresa titánica, y supone un cambio de paradigma en muchos sentidos. A nivel técnico, por ejemplo, no existe un consenso sobre qué tecnología es mejor para hacer el viaje, menos aún cuando varios países y agencias privadas pugnan en ser los primeros en llegar.

Según los investigadores, podríamos desembarcar en el planeta rojo durante este siglo, pero para hacerlo deberíamos resolver tres aspectos que, por ahora, nos impiden el viaje: tecnología, dinero voluntad política.

Vista de la superficie marciana tomada por el robot 'Curiosity' / NASA

Vista de la superficie marciana tomada por el robot ‘Curiosity’ / NASA

Tecnología inexistente

Poner los pies en Marte supone, de entrada, un reto técnico. Actualmente las misiones tripuladas no abandonan la órbita terrestre, y aún ningún humano ha ultrapasado la cara visible de la Luna. Por otro lado, la distancia entre la Tierra y el planeta rojo es de 54 millones de kilómetros, lo que comporta un viaje de seis meses.

Además, esta lejanía haría imposible que los astronautas pudieran regresar a casa. Ni una sola de las misiones que se han planteado hasta ahora incluye billete de retorno. Al contrario, los primeros humanos que pisaran Marte deberían establecer allí una base permanente.

Ni una sola de las misiones que se han planteado hasta ahora incluye billete de retorno.

El problema es que con la tecnología actual no se puede plantear un viaje de esta envergadura, que también implicaría trasladar grandes cantidades de material junto con los astronautas.

Un grupo de investigación del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT) ha evaluado los detalles de la misión privada Mars Oneque pretende llegar al planeta rojo en el año 2025. El estudio concluye que la misión «no es factible» en el plazo que se ha planteado.

Entre otros, apuntan que la tecnología para aterrizar un módulo de grandes dimensiones en Marte no está suficientemente desarrollada y que, ahora mismo, tampoco se sabe cómo regular el flujo de oxígeno y nitrógeno en los habitáculos del asentamiento.

Por otro lado, no conocemos con exactitud todos los efectos que podría tener la exposición extraterrestre en el cuerpo humano. El físico y biólogo de la NASA Jim Logan cree que deberíamos construir bases subterráneas para proteger a los astronautas de la radiación solar, una radiación que, de todos modos, podría ser letal con el paso del tiempo.

 

Falta de recursos y voluntad política

La investigación es cara, y la espacial aún más. John Sommerer, antiguo responsable de las misiones tripuladas de la NASA lo dejó claro en febrero en una comparecencia ante el Congreso de los Estados Unidos.

Según el físico, la NASA podría enviar humanos a Marte en 20 ó 40 años, pero el precio sería de quinientos mil millones de dólares. Si el presupuesto de la agencia espacial norteamericana se mantiene estable, la NASA debería abandonar otros proyectos, como la Estación Espacial Internacional, cosa que ahora mismo no pretende hacer.

La NASA podría enviar humanos a Marte en 20 ó 40 años, pero el precio sería de quinientos mil millones de dólares.

Y con unas presidenciales a la vista no parece que el presupuesto para misiones tripuladas se vaya a incrementar, como pide Sommerer.

Sea como fuere, parece que la NASA aún tardará décadas en enviar humanos a Marte. La propia agencia admite que aún no tiene un plan definido para hacerlo y dice que podría saber los primeros detalles técnicos en un plazo de cinco años.  

De momento, ya hay grupos de investigación que trabajan para hacer la misión más asequible. Algunos estudios apuntan que sería posible reducir el presupuesto de la misión si se aterrizase, primero, en las lunas de Marte, o incluso creando una base en la Luna terrestre. Todo indica que, durante los próximos años, veremos otras propuestas como estas para rebajar la tediosa factura de quinientos mil millones que a día de hoy parece inasumible.

Phobos, una de las lunas de Marte donde se plantea aterrizar para ahorrar. / NASA, Caltech

Phobos, una de las lunas de Marte donde se plantea aterrizar para ahorrar. / NASA, Caltech

¿Por qué vamos?

Pese a las dificultades, los planes para colonizar Marte en este siglo siguen adelante. Y como ocurre en proyectos de gran envergadura como este, también afloran los planteamientos éticos.

¿Por qué tenemos que ir a Marte? Los investigadores tienen claro que conocer mejor el planeta vecino nos ayudará a saber más sobre el nuestro, pero parte de este trabajo ya lo están haciendo —y con éxito notable— las sondas y vehículos que hemos enviado. A nivel económico, hay quien se plantea si merece la pena embarcarse en misiones tan caras sin resolver, antes, los problemas de nuestro planeta.

Cada vez parece más claro que tendremos capacidad de volar a Marte en pocas décadas, y es posible que lo acabemos haciendo. Pero pase lo que pase, la esperanza de pisar algún día el planeta rojo está moviendo recursos y moviliza la investigación. Lleguemos o no a marte, la Ciencia está saliendo beneficiada.

Ilustración de portada: M. Kornmesser

Posted by Josep Andreu Palacios

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